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La administración del presidente estadounidense Donald Trump comenzó el desmantelamiento de una importante red de observación oceánica que durante más de una década ha permitido estudiar los ecosistemas marinos, las corrientes oceánicas y diversos fenómenos que influyen directamente en el clima mundial. La decisión representa un nuevo golpe para la investigación ambiental en Estados Unidos y ha generado inquietud entre la comunidad científica internacional.
La medida fue dada a conocer por The New York Times y se suma a una serie de recortes y ajustes que han afectado a programas científicos relacionados con el medio ambiente y el calentamiento global desde el regreso de Trump a la Casa Blanca en enero de 2025.
Los equipos que serán retirados forman parte de la Iniciativa de Observatorios Oceánicos (OOI, por sus siglas en inglés), una extensa red de instrumentos oceanográficos financiada principalmente por el gobierno federal a través de la Fundación Nacional de Ciencias (NSF). Estos dispositivos están distribuidos en distintos puntos estratégicos de los océanos Atlántico y Pacífico, donde recopilan información continua sobre las condiciones marinas y atmosféricas.
A finales de mayo, Jim Edson, científico responsable del proyecto, informó a la comunidad científica que la instalación principal de la red enfrentaría una reducción significativa de sus operaciones. Según explicó, cuatro de las cinco estaciones de observación actualmente activas perderán sus infraestructuras submarinas, lo que reducirá de manera considerable la capacidad de monitoreo de fenómenos oceánicos.
El proceso de retiro de los equipos ya comenzó en una de las estaciones ubicadas frente a la costa noroeste de Estados Unidos y se prevé que continúe durante los próximos 15 meses. Una vez concluido, gran parte de la infraestructura que durante años ha generado datos fundamentales para la investigación científica dejará de operar.
La Fundación Nacional de Ciencias confirmó la decisión y señaló que forma parte de una estrategia institucional orientada a modernizar sus prioridades. En una comunicación enviada a la agencia AFP, un portavoz explicó que el ajuste busca adoptar un enfoque más ágil para responder a prioridades científicas cambiantes y al desarrollo de nuevas tecnologías emergentes.
Sin embargo, la medida ha despertado preocupación entre especialistas que dependen de la información generada por esta red para comprender procesos complejos relacionados con el océano y el clima. De acuerdo con The New York Times, la infraestructura tuvo un costo de aproximadamente 368 millones de dólares y fue diseñada para permanecer en funcionamiento durante un periodo de 25 años.
Los datos obtenidos por los observatorios han sido utilizados por investigadores de múltiples disciplinas para analizar cómo los océanos absorben los gases de efecto invernadero presentes en la atmósfera, un proceso clave para moderar el calentamiento global. Asimismo, la información ha permitido estudiar fenómenos como las olas de calor marinas, cuyos efectos pueden impactar gravemente a las pesquerías, la biodiversidad marina y las economías costeras.
Expertos consideran que la pérdida de estas estaciones de monitoreo podría limitar la capacidad científica para detectar cambios ambientales a largo plazo y comprender con precisión la evolución de fenómenos climáticos que afectan a distintas regiones del planeta. La decisión también reabre el debate sobre el papel de la investigación científica en el diseño de políticas públicas frente a los desafíos del cambio climático.
Mientras el desmantelamiento avanza, investigadores y organizaciones científicas continúan evaluando el impacto que tendrá la reducción de esta red sobre los estudios oceánicos y climáticos, en un contexto global donde la información científica es considerada fundamental para anticipar y enfrentar los efectos del calentamiento del planeta.
