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La coctelería sin alcohol dejó de limitarse a jugos, refrescos o mezclas sencillas. Bares y restaurantes incorporan bebidas con mayor cuidado técnico, ingredientes herbales, fermentos y perfiles pensados para acompañar alimentos.
La transformación no implica una renuncia al sabor. El objetivo es construir tragos con acidez, textura, aromas y equilibrio, incluso cuando el alcohol desaparece o se reduce de manera considerable.
Los datos internacionales respaldan el cambio, aunque obligan a distinguir categorías. IWSR estimó un crecimiento global de 9% para los productos sin alcohol durante 2025 y una reducción de 2% para las bebidas de baja graduación.
En México, NielsenIQ encontró durante Enero Seco de 2023 que 32% de los participantes que visitaron bares o restaurantes eligió cocteles sin alcohol. Cerca de dos terceras partes de quienes los probaron señaló que volvería a consumirlos después de la campaña.
Ciudad de México ya ofrece ejemplos visibles. El menú oficial de Rayo Cocktail Bar incluye un coctel sin alcohol llamado Yaqui. Además, la kombucha ha ampliado su presencia en cafés, bares y restaurantes de la capital.
La siguiente etapa está en el maridaje. Infusiones, tepache, kombucha, verdita y otras preparaciones pueden ocupar un lugar más relevante junto a la comida, siempre que cada establecimiento explique ingredientes, graduación alcohólica y alcance real de la propuesta.
