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El conato de riña registrado durante la representación del Viacrucis expone una omisión sistemática en los protocolos de Protección Civil bajo la administración de la alcaldesa Aleida Alavez. El rebase del aforo que provocó el choque entre ciudadanos y elementos de la policía no fue un accidente imprevisible, sino el resultado de la inaplicación del Reglamento de Gestión Integral de Riesgos para eventos masivos en la Ciudad de México.
La cadena de responsabilidades apunta directamente a la Dirección General de Protección Civil de la demarcación. Documentos operativos internos exigen la instalación de contadores de flujo en los siete accesos principales al polígono de la escenificación; sin embargo, el encapsulamiento de la multitud demuestra que la orden de frenar el ingreso se emitió cuando la capacidad instalada ya había colapsado, contraviniendo las directrices de prevención.
El despliegue de la Secretaría de Seguridad Ciudadana operó bajo instrucciones contradictorias. Mientras el mando centralizado de la alcaldía ordenaba mantener la fluidez del evento, los mandos de campo se vieron obligados a cerrar filas para evitar una estampida humana. Esta desconexión en las telecomunicaciones tácticas derivó en que los uniformados recibieran empujones y objetos sin un protocolo claro de disuasión no violenta.
El presupuesto aprobado para el ejercicio fiscal en curso destinó una partida específica para el arrendamiento de vallas de contención de alta resistencia e infraestructura de monitoreo aéreo. La vulnerabilidad del perímetro en el incidente de sobrecupo levanta cuestionamientos sobre la ejecución de dichos fondos y la calidad del equipamiento suministrado a los efectivos en la primera línea de contención.
Legisladores locales y comisiones de derechos humanos han iniciado el escrutinio sobre las decisiones ejecutivas del gobierno de Alavez. La exigencia de rendición de cuentas se centra en conocer por qué no se habilitaron zonas de amortiguamiento secundarias, un requerimiento legal básico cuando los sistemas de semaforización de aforo indican una saturación inminente.
El saldo blanco —sin lesionados reportados— es atribuible a la resistencia física de las barreras humanas y no a la eficacia de la planeación gubernamental. Expertos en seguridad ciudadana señalan que el lanzamiento de objetos y los conatos de violencia son el indicador primario de un estado de desesperación colectiva, el cual antecede a las tragedias por aplastamiento en eventos de esta magnitud.
La administración de Iztapalapa enfrenta ahora la presión de transparentar las bitácoras del Puesto de Mando Unificado. La clarificación de quién dio la orden de ignorar las alertas tempranas de sobrecupo determinará si el choque entre ciudadanos y policías se clasifica como una falla de cálculo logístico o como una negligencia administrativa sancionable por las autoridades contraloras.
